miércoles, julio 20, 2005

Amores no correspondidos I

La niña enamorada vuelve a su casa llorando por la evidencia innegable de que su amor no es correspondido. Luego de tirarse sobre la cama y sentir lástima, incluso odio, hacia si misma, la niña enamorada toma el auricular del teléfono y marca el número de aquél que evidentemente no le corresponde. Aquél le da a la niña (una vez más) un pequeño sermón acerca de lo que ella podría hacer con su vida si no fuera una tonta, mimada-por-sus-padres, poco imaginativa y acomplejada. Ella llora, sorbe los mocos y dice despacito (muy despacito) que lo quiere, que nunca antes se había sentido de ese modo. Él (que apenas ha logrado distinguir las palabras de la niña enamorada, pero sí las ha comprendido) le pide que hable a un volumen razonable, le dice que así no se puede conversar, que él tiene cosas más importantes que hacer aparte de escuchar los melosos lamentos de una niña aburrida y ociosa. Ella (es decir, la niña enamorada) suelta entonces un “te amo”, que a todas luces parece un exabrupto, agrega un ruego: “no te burles” y luego rompe a llorar con el mismo tono agudo con el que ha pronunciado lo anterior. Aquél, que no le corresponde, notoriamente incómodo, le dice que la escena a la que está siendo sometido es absolutamente insoportable y que no le queda otro remedio que dar por terminada, ipso facto, la conversación, si es que a eso se le puede llamar conversación. Acto seguido, cuelga el teléfono. La niña enamorada corre al baño y frente al espejo se tira el pelo, aprieta los dientes con tanta fuerza que piensa que alguno podría caérsele, estudia las zonas de su piel enrojecidas, actúa (frente al espejo) muecas de dolor que le revelan a si misma un talento interpretativo que más tarde podría ser aprovechado profesionalmente y gime. Cuando su llanto cede, la niña enamorada se dice (en voz alta) que más allá de que aquel que no le corresponde la desprecie, esto de estar enamorada es, sin lugar a dudas, lo mejor que le ha pasado.