Prendí el televisor, me calenté un plato de comida y me senté en un sillón a ver noticias. Un enano de cuarenta y dos años fue a pedirle la mano de una niña de doce a su padre quien furioso lo agarró a empujones ante lo cual para defenderse el enano cogió una piedra y se la arrojó a quien nunca sería su suegro con tal mala suerte que ésta fue a dar a la cabeza de su amada cuyo padre para vengar tan brutal agresión cayó a patadas sobre el pequeño cuerpo del pretendiente y lo pateó y lo pateó hasta arrancarle la vida. Eso veía en la tele mientras mi amigo comenzaba a quejarse de dolor. Por favor, no me dejes solo, desamárrame aquí. Me acerqué a él, le hice un poco de cariño en la cabeza e improvisé una mordaza para que no me volviera a interrumpir. La próxima noticia venía igualmente sabrosa: unos arqueólogos franceses han “descubierto” y “probado” que Jesús, nuestro señor, tuvo hermanos y, por lo tanto, la virgen sólo lo fue hasta concebir a su primogénito. ¿Escuchaste eso? Le dije al nudo que me miraba mudo y suplicante desde el suelo.



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