Mendigos II
La última vez que estuve con un mendigo fue un poco distinta. Veníamos saliendo de una fiesta en una zona céntrica y marginal de la ciudad y ahí estaba él. Se trataba de un cuchepo. No sé si el término será comprendido fuera de las fronteras del feudo así que paso a describirlo: un cuchepo es un hombre sin piernas que utiliza, a falta de silla de ruedas, un carrito, algo parecido a un skate board, pero más artesanal. Fue idea mía esta vez. Le dije a mi amo “mira, ¿no te parece interesante?” No alcanzó a decir “puede ser” cuando yo ya le había sonreído al cuchepo -que no era enfermo mental y de tonto no tenía nada- y él me había respondido la sonrisa. No recuerdo mucho cómo se desataron los acontecimientos pero la cosa es que de pronto me ví arriba del carrito, que se movía a toda velocidad por la calle oscura, mientras mi amo se iba haciendo pequeño. Nunca había sentido brazos más fuertes que los de este hombre. En un dos por tres me tenía penetrada. Como la calle era de adoquines, los saltos del carrito hacían lo que el cuchepo no podía con sus caderas pesadas. Tuve varios orgasmos antes de volver al punto en el que había perdido a mi amo. Ya no estaba. Me telefoneó al día siguiente para decirme que me merecía un castigo. El pobre nunca entendió que sus castigos me gustaban y jamás lograrían reformar mis deseos inagotables de aventura. Lo suyo no era más que la administración de un error.



1 Comentarios:
Aplaudo tus nalgas con veneración de puta que acepta pago con cualquier tarjeta de crédito.
No-ta-ble!!! Querida, y es en serio muy en serio.
Te beso las palabritas.
Chaoooo.
Mis muñecas desesperan por tus gritos de amor y de odio.
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