sábado, septiembre 10, 2005

Mendigos III

Le temo tanto que cuando paso junto a él no lo miro: mantengo la respiración para no olerlo: su grito agudo lo vengo escuchando desde que, a los tres o cuatro años, una anciana me contaba el cuento del viejo del saco: el grito lo daba yo en ese entonces, al despertar por la noche: es el timbre de mis peores pesadillas: su destino es aquel del que nunca escaparé del todo: aquel que me estará esperando a la vuelta de la esquina: donde me abandonan el pasado, el futuro y la honra.
Sueño que soy un hombre con las rodillas rotas: sueño que me miro en un pedazo de espejo que he encontrado en la basura: rebotan sobre mí las miradas de asco de aquellos que, siendo como yo estando despierta, me miran de reojo: ni siquiera el frío me penetra: ni el miedo ni nada: la soledad es un lujo de los otros.

2 Comentarios:

Blogger Ángel mutante said...

Te acaricio los mendigos con una navaja de rosas... Quiero más, más de estos descalabros tan requetebuenos que escribes.

Besitos mendicantes.

Chaoooo.

12:41 p. m.  
Blogger alma... said...

buen texto....
buenos textos...
me ha gustado pasear por estos lados...
intentaré venir más seguido...
saludos cordiales a usté

11:43 a. m.  

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