Mendigos III
Le temo tanto que cuando paso junto a él no lo miro: mantengo la respiración para no olerlo: su grito agudo lo vengo escuchando desde que, a los tres o cuatro años, una anciana me contaba el cuento del viejo del saco: el grito lo daba yo en ese entonces, al despertar por la noche: es el timbre de mis peores pesadillas: su destino es aquel del que nunca escaparé del todo: aquel que me estará esperando a la vuelta de la esquina: donde me abandonan el pasado, el futuro y la honra.
Sueño que soy un hombre con las rodillas rotas: sueño que me miro en un pedazo de espejo que he encontrado en la basura: rebotan sobre mí las miradas de asco de aquellos que, siendo como yo estando despierta, me miran de reojo: ni siquiera el frío me penetra: ni el miedo ni nada: la soledad es un lujo de los otros.



2 Comentarios:
Te acaricio los mendigos con una navaja de rosas... Quiero más, más de estos descalabros tan requetebuenos que escribes.
Besitos mendicantes.
Chaoooo.
buen texto....
buenos textos...
me ha gustado pasear por estos lados...
intentaré venir más seguido...
saludos cordiales a usté
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