Rituales II
Algo horrible podía ocurrir si no pisaba las rayitas de la vereda. O si las pisaba. O si perdía la cuenta de cuántos pasos había desde el paradero de micro hasta la puerta de mi casa, o cuántos escalones entre el primer piso y el departamento de mi abuela. Todos los días me imponía nuevas obligaciones que me salvarían del caos. Pisar las hojas secas. No decir ciertas palabras. Mirar sólo de reojo.
Hubo momentos de mi infancia en que estos pequeños rituales cobraron un sentido superior, conformando un sistema organizado de creencias, como cuando luego de mirar muchas piedrecillas y escucharlas, escogí a una y la convertí en Dios. Inventé una serie de pecados relacionados con la falta de fe hacia mi deidad y con errores en su alabanza.
Este episodio tuvo lugar al final de mi infancia. Después de eso, se fueron alejando poco a poco los días de soñar con entrar a un convento, de retroceder media cuadra para pisar una hoja seca, de tocar madera cada vez que la oscuridad se apoderaba de mis pensamientos. Debía aprender a convivir con el miedo.
Recuerdo la adolescencia como verdaderamente pavorosa. Llena de terrores y ningún medio para conjurarlos. A medida que Dios se hacía más pequeño la muerte crecía a mis espaldas. Seguía teniendo conciencia de las rayitas de la vereda, pero ya no me salvarían de nada. Algún consuelo encontraba en el orgullo.
Después de un paso tumultuoso por los rituales de la adolescencia, me fui introduciendo en el mundo de los rituales adultos. Besar al marido. Sonreírle al jefe. Mirar con suficiencia al carabinero. Darle plata a los mendigos. Brindar con los amigos. Besar a los niños cuando duermen. Quizá nos liberen del miedo a renunciar al trabajo, caer presos, volvernos pobres, quedarnos solos. Pero la rigidez de estos rituales hace que se produzcan inevitables trizaduras por las que, una vez más, logra colarse el miedo. Y del miedo al caos hay apenas la pérdida de control sobre un impulso.



8 Comentarios:
Fascinante querida... pero el final con cierto tufillo de moralina, aunque quizás ando con el olfato algo saturado de pudriciones.
besitos iconoclastas
chaoooo
PD: no serías tan amable de desactivar esa mierdita de la verificación de palabra que hace más lento y engorroso el trabajo del incauto comentarista?
me a parecido soberbio, y a las voces dentro de mi cabeza, tambien les ha gustado mucho.
yo cuando era joven, estaba convencido de que cada vez que me masturbaba el madrid perdia en casa...mas tarde,imaginaba que cuando robaba una tapa en un bar, alguien caia fulminado. en esa epoca engorde seis kilos
Flaco dice: Coincido, habría que volver a instalar el miedo, preguntarse a qué le tememos. Entonces un poema de Carver, Raymond. Me temo que en inglés, pero muy simple:
Fear of seeing a police car pull into the drive.
Fear of falling asleep at night.
Fear of not falling asleep.
Fear of the past rising up.
Fear of the present taking flight.
Fear of the telephone that rings in the dead of night.
Fear of electrical storms.
Fear of the cleaning woman who has a spot on her cheek!
Fear of dogs I've been told won't bite.
Fear of anxiety!
Fear of having to identify the body of a dead friend.
Fear of running out of money.
Fear of having too much, though people will not believe this.
Fear of psychological profiles.
Fear of being late and fear of arriving before anyone else.
Fear of my children's handwriting on envelopes.
Fear they'll die before I do, and I'll feel guilty.
Fear of having to live with my mother in her old age, and mine.
Fear of confusion.
Fear this day will end on an unhappy note.
Fear of waking up to find you gone.
Fear of not loving and fear of not loving enough.
Fear that what I love will prove lethal to those I love.
Fear of death.
Fear of living too long.
Fear of death.
I've said that.
ángel: ok, sacaré el antispam.
z: yo me prohibía pensar en ciertas cosas, determinadas personas, lugares. orden evidentemente paradójica.
flaco: extraordinario el poema de carver.
Me pongo un disfraz de gato rojo para contarte la alegría que siente un gato cuando encuentra un texto como este. Y no soy de los que va buscando por los blogs migajas de felicidad.
Gran ósculo amarillo y felino.
no saques el antiespam, por favor, se que en algun momento, el orden de las letras me dara la clave de mi existencia!!!!
al final cierto tufillo a moralina? pues a mi, el final me ha parecido un prodigio de lucidez y, sobre todo, de valor para enfrentar la inmoralidad de la existencia. ese "Mirar con suficiencia al carabinero" vale por toda la obra de dos jovenes escritores contemporaneos a escoger.
pero bueno,lo que para unos es trapo,para otros es bandera...
que largo es el dia
sin termino las noches
sin termino los dias
porque la vida es una pesadilla que nunca termina
y de nada vale despertarnos,
la pesadilla sigue
y nos acorrala
y nos embiste
mas terrible que elsueño
mas atroz que la nada
en donde el sueño embista
a la ridicula silueta del hombre
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