Amores no correspondidos IV
El niño enamorado de su madre se pregunta al despertar en medio de la noche si acaso aquello que le ocurre es natural. Va a la cocina a buscar agua. Ve que la luz de la pieza de su madre está encendida y se siente tentado a ir allá, pero ella le ha dicho (muchas veces) que no desea su presencia por las noches (golpe). El niño enamorado de su madre vuelve entonces a su pieza, prende la luz y se sienta sobre su cama con la cabeza tomada entre las manos. Piensa en que tal vez las cosas horribles que ha escuchado decir sobre su madre son ciertas, en cómo ella (antes) lo acompañaba hasta que se quedara dormido, en cómo le leía (antes) y le permitía tocarle los pechos. Ya no lo quiere, concluye, y llora. Mareado por el llanto y los pensamientos autocompasivos, cae dormido nuevamente. Sueña con un gato negro del porte de un caballo que lo mira. Sueña que su madre es algo así como un muñeco y él le arranca la cabeza de un mordisco. Despierta sobresaltado. Piensa que debe decirle a su madre que la ama para que ella le diga “yo también”. Alguien (su madre) ha apagado la luz de su pieza. Se levanta y (a tientas) se dirige a la cama de su madre. Al llegar ahí le dice: “mamá, ¿puedo decirte algo?”. Ella, haciendo un esfuerzo para no despertar del todo, le responde con una pregunta, a saber: “¿qué te pasa?”. A lo que el niño enamorado de su madre replica “te amo” (error).
El niño, dada la turbación en que se encuentra, no alcanza a advertir que su madre le ha reprendido muchas veces por responder a preguntas con otras preguntas.
El niño, dada la turbación en que se encuentra, no alcanza a advertir que su madre le ha reprendido muchas veces por responder a preguntas con otras preguntas.



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