Tan humano que duele

Cuando dijo que quería verme hacerlo con un perro pasé varias noches insomne. Horas enteras tumbada sobre mi espalda imaginándolo mirarme. Sintiendo repulsión hacia mi misma, como cuando era niña y me encerraron en el armario de la sala: sucia. Imaginándolo llegar a mi casa con un gran danés negro. Sería de noche y lo estaría esperando con un vestido hermoso, uno que perdí hace mucho, de seda áspera y semitransparente.
(Un gran danés es capaz de arrojarme al suelo, convertir mi ropa en jirones de tela en un momento.)
Voltéate, me ha de decir el hombre, una vez el perro haya comenzado a olisquearme.
En cuatro patas la transformación comienza. Quiero probar, ahora, el aroma del animal. Le lamo el ano y las bolas mientras su sexo crece brillante. Al tocarlo, las papilas gustativas se encienden dentro de mi boca, se abren como si fueran flores. Un hilo de baba une mis labios a esa flecha roja. Quiero mamar, desespero. Porque no hay tiempo. Porque el perro tiene sus propias ganas, trae su hambre. Parece listo para asegurar la reproducción de la especie.
Por el culo, indica el hombre, y guía con su mano al perro. De una estocada el animal se hunde en mi intestino. Blandos y húmedos, abiertos por la imaginación, mis agujeros suplican. Chúpame a mí, dice el que habla, y me penetra la boca con violencia semejante. Uno se mueve contra mis caderas; otro, contra mi cara; lo que hay en el medio tiembla. Gruño.
Mi cuerpo se estira y contrae, convulso. Escucho nuestros jadeos. Me provocará un desgarro. Ay. El recto se me ha llenado de un momento a otro de una masa enorme. Mis piernas están bañadas de semen. De su semen y mi sangre. El hombre ya no está: mira. El perro tirita, no logra despegarse. Lloro y me muevo buscando permanecer cerca.
Aúllo para compadecer al hombre que mira, lleno. No mueve un músculo. Sólo logro perturbar al perro que de un tirón me deja botada en el suelo, hecha un ovillo, con la mirada ciega y el ano sangrante.
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Aún está ahí, puedo sentirlo. Puedo oler su hocico muy cerca. Lo empujo hasta que queda tumbado a mi lado. Caemos dormidos. En el sueño hay unos ojos detenidos sobre una pantalla de luz. Sonrío. Por las cuencas me he follado al que mira. Mañana él, con los ojos sucios, sembrará en su mundo mi deseo.
Tan humano que duele.



10 Comentarios:
por lo que veo, no soy el unico que se ha quedado sin palabras...
Ahhhh... querida, una delicia, estas cosas a una la llenan de esperanzas, sí muchas esperanzas en el ser humano y sus maravillosos instintos.
Prometo atestiguar a tu favor cuando vengan los de la Sociedad protectora de animales o los Criadores de Gran daneses. Imagino que habrían salido lindos cachorritos entre una Hibakusha de buen pedigree literario y ese gran danés que te la mandó a guardar. No a tí, por supuesto, sino a todos los hombres de buena voluntad. Jeeeee...
Besitos de ángel en cuatro patas y besitos chiguaguas.
Chaooooo.
Te superas, cariño, las vacaciones espero que te hayan sentado bien.
pepet, yo también te he eché de menos.
ángel, ese juicio sería una delicia. sólo por defender a catalina estudiaría leyes. las vacaciones estupendas, sólo demasiado cortas.
Silencio de jadeos, gruñidos, sexos sangrantes, anos abiertos como una puerta al infinito.
Eso no más.
Cada vez me intrigan más los finales de tus textos.
el final está increíble. muy televisivo. ¿viste arrebato?
besos
l.
Por un segundo me excito, tanto como lo hace la foto. Tu escritura porno carece sin embargo de un elemento todavía necesario: misterio, suspens, pausa, extrañamiento.
F.
Pero ademas es un cuadro completo SM, hay reduccion del sadico a un estado animal, ya que se identifica con el perro.
Esto me recurda a las mujeres violadas por perros en las escenas de tortura de la dictadura. Elaine Scarry, teorica de la tortura, dice esta solo es posible porque el torturador se distancia del torturado en la misma medida en la que le inflige dolor. Me pregunto si esta maxima se aplica a los sadicos que violaban a las mujeres con animales.
La cuestion etica regresa, pero ya la hemos discutido bastante.
Ver trabajos de Paul McArthy.
f.
Flaquito mío, ¿quién es el sádico aquí? No creo que sea quien le propone a ella una fantasía excitante o, al menos, no en mayor medida que ella misma, que también propone la fantasía, esta vez a sus lectores, para que ellos se degraden imaginándose bestializados o bestializantes.
En cuanto a la tortura. Asumo, es delicado jugar con estos símbolos. Efectivamente en la Escuela de las Américas se enseñó a oficiales latinoamericanos a utilizar perros para la violación de prisioneros; efectivamente esos procedimientos ominosos fueron utilizados en Chile. Sin embargo aquí no hay torturados ni violados. Hay una mujer fantaseando con una escena sexual violenta. Quizás la cercanía con el imaginario de la dictadura obliga a plantearse la necesidad de explicitar los límites de lo que consideramos tolerable. Y eso es bueno. Porque no por rechazar la tortura estaremos en contra de toda violencia, ni siquiera de toda crueldad. La penetración es violenta, la verdad es tantas veces cruel, y sin embargo no deseamos renunciar a ellas. La pregunta entonces es hasta dónde queremos ser violentos y crueles, hasta dónde en la fantasía y hasta dónde en la realidad. He sentido la necesidad de la reapropiación de un imaginario violento para el goce, luego de padecerlo durante años, sufrida y culposa.
En cuanto a la crítica más formal, estoy de acuerdo, estoy conciente, me cuesta, me da la impresión de que a mis textos les hace falta lentitud, de que tienen el ritmo del vómito, un horror.
Besos.
guau wow yo también me quedé sin palabras... disruptor de nuestra corriente continua de moral... desasosegante y repulsivo y sin embargo... leímos todos hasta el final... yo también pensé en las escenas de tortura en la dictadura, mon dieu
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