El amor es lo único que importa
No, mijita linda, no. Estoy furioso. Te he llamado 30 veces. Te imagino perfectamente diciendo “ya me está llamando este viejo tal por cual” y chac, apagado el teléfono. ¿Por qué? Si perfectamente hubieras podido contestarme y decirme: “si, estoy bien, agitada, mucho trabajo, las cosas aquí han estado horribles, mucha tensión”, y punto, ya, asunto concluido. Pero no, no fuiste capaz de hacer eso. “Ah, este viejo de mierda que se pudra”. ¿Cuántos recados te dejé?…
No, no, no, no, no, no, no, no. Si yo sé perfectamente que así no más fue la cosa, no me vengái con cuentos, mira que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Tá bien, mijita, ‘tá bien. Es que no paraba de pensar en ti, po. ¿Me entiendes? "¿Cómo estará? ¿Se habrá enojado? ¿Se habrá sentido mal?"
…
No, muy enojado no, si lo que me dio es pena, una pena pero enorme, inmensa. Si yo entiendo: soy un viejo de mierda, podría ser tu abuelo. Antes, no te imaginái cabrita, si yo era súper mujeriego. Las dos señoras que he tenido tuvieron que aguantar que no llegara, así no más, desaparecido. Cuando nacieron los mellizos me aparecí tres días después. Tremenda cagadita. Y borracho como piojo. “Ayyy, qué niños tan lindos. ¿Cómo se llaman?” Esa onda. Pánico, me dio, pánico. Imagínate tú, si yo me sentía un cabro chico y ahora tenía dos. ¿Sabes? Una de las cosas de las que más me arrepiento cuando miro mi vida, para atrás, es de no haber pasado más tiempo con mis hijos. Déjame decirte una cosa: no hay nada más importante. Yo me aparecía de repente y les decía: “Puta que han crecido, qué grande están, dios santo.” Hace como tres años que no los había mirado, pero mirado-mirado. ¿Me entiendes? Así que usted, mi linda preciosa, ya sabe: pase todo el tiempo que sea posible con sus niños. Llegue temprano a la casa, léales cuentos. Nadie, pero nadie, puede remplazar a una madre. Un padre puede faltar, pero si la mamá falta la cuestión es catástrofe. Y te vái a arrepentir, te juro, después los daños tremendos no se pueden arreglar. No me escuchís ná si querís, pero esta cuestión escúchamela.
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Es que tú eres maravillosa. Déjame tomarte la mano. ¿Querís otro whisky? ¿Comer algo? Lo que quiera, mijita, lo que quiera.
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Mozo, dos whiskys más y una coca light, por favor.
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Bueno, lo que te estaba diciendo: tú me gustas mucho: me gustas como cuerpo, me gustas como mujer, me gusta cómo piensas. ¿Entiendes? Eres maravillosa.
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¿Cómo que no te conozco? Si te conozco, claro que te conozco. Me basta ver como metes el dedo en ese vaso, como revuelves el hielo. Todo, todo en ese gesto. Te veo. Te veo. Mi amor, yo he conocido a muchas mujeres. Tantas que no podrías imaginarte siquiera. No siempre he sido este viejo acabado que ves aquí.
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Si, claro que sé bailar. Bailo regio. ¿Te gusta bailar? Vamos a tener que ir a bailar un día. Yo me pasaba horas bailando y tenía amantes, mijita. ¡Tenía energía! Ayyy, energía… eso es lo que más echo de menos. Se pasa tan rápido el tiempo. Si parece que ayer yo tenía la edad tuya. En dos años más me jubilan. ¿Sabís lo que es eso? Viejo de mierda. No sirvo pa’ni una huevá. Llevo 46 años haciendo clases. 46 años. 46.
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Por suerte los mellizos están bien: deber cumplido. Si, esa fue la mamá. Una mujer espléndida: ma-ra-vi-llosa. Maravillosa mamá. Dio todo por sus hijos. Y yo me portaba mal. Tan mal. Pero pésimo. Pésimo. Yo tengo amigos con los que somos amigos hace 55 años. Tú no te podís ni imaginar lo que es esa cuestión. Ibamos a cambiar el mundo. ¿Te cachai? Tú no te imaginái lo que era conseguir una botella de whisky en esos tiempos… tú ni te imaginái.
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Pero por supuesto, mijita linda, si éramos todos machistas. Yo no sé preparar ni un huevo frito. Nada. Nada. Eso de que los papás le ayudan a sus hijos con la tareas, eso no existía. No. Jamás.
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Bueno, tu papá debe haber sido un hombre muy evolucionado, oye. Suerte la tuya. No. Yo jamás ayude a mis hijos en ninguna cuestión. Les revolvía el pelito, así, cuando los veía, que en realidad era re-poco, porque entre las mujeres, las clases, los alumnos, las alumnas, el taller, los amigos... Ay, Dios santo, si hay algo que tengo que agradecer es a haber tenido los amigos que he tenido. Buenos amigos. Muchos amigos. Demasiados… Se están muriendo. ¿Te cachái? Si yo ya estoy en los descuentos. Me duele la espalda. Me estoy poniendo sordo. Estoy lleno de achaques. En 20 años más nadie se va a acordar de mí. Ningún pelotudo.
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Ayyy, perdona, preciosa, que me ponga así melodramático. Si, tenís razón. Pero es que tú no entendís lo que es tener la cantidá de años que tiene este viejo… estar en retirada… que el cuerpo no te responda… porque yo me siento joven de aquí… ¿me entendís? ¡No poder volver a enamorarse, por la cresta! Si yo me casaría contigo, viviría la vida entera de nuevo. Ven, ya, dame la mano, no te sintái mal por este viejo cagao.
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¿No querís otro whisky? ¿Estái segura? Chíí, ¿tú creís que yo no tengo que trabajar mañana? Preciosa, sepa usted que yo trabajo 50 horas semanales. Trabajo como un burro, como un buey. Bueno, bueno, bueno. Es que lo he pasao muy re-bien contigo. Me encantó escucharte. Siento que hemos podido hablar cosas muy íntimas. Me ha encantao hablar de la vida… de la tuya… de la mía… de los hijos, que son lo más importante. Tú sabes eso ¿no? Te amo, mijita linda, te amo.
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¿Tan chicos? Yo no tenía idea de que eran tan chicos. ¡Puta que son chicos! Pero te las arreglái tú de los más bien pa’ salir. Por suerte. Tenís mucha suerte. Tú no sabís los sacrificios que hacen algunas mujeres…¿Por qué no dormimos juntos, oye? Vamos un hotel… compremos una botella de champaña… celebremos… Claro que yo me tengo que ir antes de las 5 porque si no después, tú sabís, la vieja me echa: “cagando pa’ fuera, te fuiste”. ¿Y yo qué voy a hacer, mijita linda, a mi edad…? ¿Vivir de allegado en la casa de alguno de mis hijos? ¿Te imaginái? ¡Qué horror! Dios me libre. No. No quiero ni imaginarme ser una carga. Nunca. Pero todavía nos queda un buen rato. ¿Por qué no te vái conmigo? No te vái a arrepentir, cabrita, te lo juro.
…
¿No? ¿No? Bueno, ya: no: entiendo: capice: este viejo ya no sirve pa' ni una huevá. Yo podría ser tu abuelo ¿No cierto? Ay, mijita, me da tanta pena, tanta. Te lo juro. Es verdad que te amo, quiero que sepas eso, que lo sepas, ¿ya? Es lo único que importa, niña linda. El amor es lo único que importa.



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