miércoles, julio 20, 2005

Un texto de Primo Levy

Las estrellas negras

Que ya nadie entone cantos de amor o de guerra.
El orden que daba al cosmos su nombre ha quedado disuelto;
las legiones celestes son una maraña de monstruos,
el universo nos asedia ciego, violento y extraño.
El cielo está sembrado de horrendos soles muertos,
densísimos sedimentos de átomos aplastados.
De ellos no emana sino gravedad desesperanzada,
no energía, no mensajes, no partículas, no luz;
la luz misma se precipita, rota por su propio peso,
y todos nosotros, semilla humana, vivimos y morimos por nada,
y los cielos giran perpetuamente en vano.

Primo Levy