Se busca rincón oscuro
Mi mamá y yo nos quedábamos solas y dormíamos juntas en la cama grande. Jugábamos entonces a meternos enteras bajo las sábanas, y así, calentitas y tomadas de las manos, imaginábamos que la cama era un barco en el que estábamos a salvo mientras afuera se libraba feroz una tormenta. Había algo delicioso en este juego, de útero protegido, de micromundo separado, de lugar secreto para un encuentro tibio. Levantar las mantas y dejar entrar la luz era el fin del juego. Su encanto habitaba en las penumbras.*La fotografía es de Paz Errázuriz.



2 Comentarios:
¿Sería mucho pedir sumergirme en la penumbra contigo?
Para eso el rincón, para entrar en él contigo. Estoy harta de tanta luz entre tú y yo.
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