La fuente
Hay algo estéticamente delicioso en los contrastes, en los contrapuntos. Me gusta por ejemplo sentarme vestida muy elegante en el bar de un hotel con el pelo aún mojado por la orina de mi amante. Estudiar la carta, ordenar un martini seco, preguntarme si el mozo alcanzará a oler el agrio aroma de mi cuerpo.De lejos un hombre me mira. Sé bien lo que quiere. Le hago un gesto obsceno que lo descoloca: no sabe si lo que vio es lo que creyó ver. Saco un libro de mi bolso. Estoy leyendo Doctor Faustus. Los zapatos me molestan. Me los quito. Las medias de seda me hacen sentir bien. Abro la boca. Me concentro en imaginar ciertos mecanismos de deconstrucción de la frase musical sugeridos en la novela. Pido un segundo martini. Esta vez casi puedo asegurar que el mozo hace extrañas morisquetas con su nariz al acercarse. Huelo a baño público. Pero como soy vanidosa, me siento como el urinario de Duchamp.



1 Comentarios:
Delicioso, delicioso, exquisita pluma... por este solo relato corro... vuelo... a agregarte a mis links... Sí, soy una chica fácil y con esto me has conquistado... Con la bombita también pero ya superé el terror nuclear. Me dejo seducir por tus palabras.
Besitos en tus cabellos orinados y más besitos en tus letritas muertas y resucitadas.
Chaoooo.
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