jueves, agosto 04, 2005

Notas para un Manifiesto Punk

A lo sobrio, lo recargado.
Recargar los atuendos: frente al imperativo de la sobriedad, adornarse como árboles de pascua.
Al buen gusto, el kitsch.
Despreciar el buen gusto: éste no es más que la imposición del gusto propio por quienes tienen el poder de hacerlo.
A la uniformidad, la originalidad.
Provocar la mirada: treinta años después, todavía nos damos vuelta en la calle para mirar a una pareja de punkies.
Al conformismo, la rebeldía.
Desafiar: “Ni Dios. Ni Amo. Ni Patrón”.
A lo romántico, la cruel realidad.
Caer en realidad: “No hay futuro”; entonces, “Veneno contra veneno”. La destrucción como último recurso utópico.
Al arribismo, la decadencia.
Burlarse de los que escalan montañas de mierda: mientras las mayorías intentan ascender socialmente, más de alguna oveja negra de familia burguesa se ha identificado con esta estética de los hijos bastardos del proletariado.
A lo suave y redondeado, lo agresivo y filudo.
Ponerse el parche antes de la herida: hacerse difíciles de amar. Porque no existen instrucciones para abrazar a un punk sin pincharse, para querer a un punk sin resultar herido.
A lo productivo, la vagancia.
Renunciar antes de ser expulsado: el reverso del atuendo aceptado en una oficina. Marginación o automarginación del mundo laboral formal. Si hemos de ver la marginación del mundo laboral como causa o efecto depende del origen social del niño.
A la limpieza, la mugre.
Llevar las manchas como quien lleva medallas de guerra: sudor, sangre, semen, barro, vino y vómito no deben ser subestimados.
A la pulcritud, el desorden.
Intervenir el orden establecido: el desorden es un arma para aquellos a los que no les gusta cómo están ordenadas las cosas.
A lo nuevo, lo usado.
No comprar: contra la estética de la moda de temporada, la prenda desechada.
A lo femenino, lo tosco.
Cambiar las reglas del juego: ambigüedad sexual contra prototipos de género.
A lo masculino, lo ornamentado y ajustado.
Coquetear con la obscenidad: exaltación de una sexualidad exuberante, indiscreta, desafiante.
Al punto medio, la radicalidad.
Destruir y autodestruir: almas extremistas, miradas que matan y adolescentes muertos de sobredosis.
Al temor, la osadía.
Travestir la vulnerabilidad en dureza: cambiar lugar de víctima por pose insolente.
A lo serio, lo cínico.
Escapar de la lógica represiva: contestar preguntas insidiosas con muecas cínicas.
A lo funcional, lo disfuncional.
Frente a la ética de la utilidad, no funcionar: el niño problema de la familia, la niña expulsada del liceo, el cesante, el vago, el alcohólico y drogadicto, el delincuente, el narcisista, antisocial o fronterizo. (Si bien es cierto que en otros momentos lo fueron, hoy en día los punks, por anacronismo, ni siquiera son funcionales al show business.)
A lo natural, lo artificial.
Reaccionar contra el jipismo romántico: por ingenuos.
A la tradición, la vanguardia.
Ser también un poco ingenuos: la eterna ilusión de hacer una diferencia.
A lo rural, lo urbano.
Habitar cunetas, estacionamientos, esquinas y plazas: la rebeldía contra la naturaleza es burguesa o romántica, no punk.
A lo provinciano, lo cosmopolita.
Desviar la mirada: mirar hacia Londres.
A lo local, lo globalizado.
Hacer de la resistencia al imperialismo una cultura transnacional: paradoja de una estética importada que defiende lo local.

3 Comentarios:

Blogger Lucy Sombra said...

sabes que la otra vez hablábamos (cuando hablábamos) justo de los punks. el tipo es muy despierto en el disegno de performances, pero a veces no vincula la imagen con la palabra, para rehacerla imagen. el asunto es que le hablé de tu texto. me lo podrías enviar por mail por si alguna vez volvemos a hablarnos?
bs
l.

5:50 p. m.  
Blogger Lucy Sombra said...

pd.
me refiero al texto que era como este pero largo.

5:51 p. m.  
Blogger De Josefa said...

no hay problema

6:57 a. m.  

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