domingo, octubre 16, 2005

Ladrona

He tenido una aventura deliciosa que me ha devuelto a ciertos pasajes exaltados de mi adolescencia: junto a un nuevo amigo he protagonizado un robo.
Hace muchísimos años que no sentía la emoción de robar. Ya casi la había olvidado. Pero anoche la reviví en esplendor.
Mi nuevo amigo es policía -detective de la policía de investigaciones para ser más exacta- así que proporcionó la información necesaria para salir impunes.
Le conté que, tras muertos mis abuelos adorados, mi familia había realizado una absurda repartija de sus bienes en la que mi tía a todas luces había salido ganando.
Sospecho que mi abuela la despreciaba, que la encontraba simplona y verborreica, y que hubiese querido que fuese yo la que heredara sus pertenencias más preciadas. Por ejemplo un cuadro que tenía, de Carlos Pedraza, un paisaje de un camino rural en otoño. No es el tipo de pintura que me gusta, pero ese cuadro en particular me trae recuerdos de infancia, y me permite ver el rostro de mi abuela si luego de mirarlo unos segundos cierro los ojos. Sí, definitivamente: si es que existe un objeto que quiero para mí es ese.
Para obtenerlo tuvimos que robarnos un montón de cosas. Había que evitar las suspicacias. Aunque siendo, como soy, una señora respetable, sólo los más suspicaces podrían creer si les dijera que esto que les estoy narrando es cierto. Nos llevamos platería, joyas, unas pinturas cuzqueñas, artefactos eléctricos y otros. Alimentamos al perro con paté de fois e hicimos el amor en la mesa de centro del recargado salón de mi tía, escuchando sus horrorosos villancicos.
(En ocasiones la música horrible ayuda, por contraste, a acentuar la belleza de una escena.)
Hace mucho tiempo que no estaba tan contenta. Hace tanto que no sentía que mi amante fuese, de manera tan literal, mi cómplice. Por emoción podría convertirme en ladrona. Tengo a mi Clyde, suficientes coartadas, sangre fría. Pero no. Sería una cosa muy irresponsable. Tarde o temprano me atraparía la ley, y aprecio la libertad.
Aunque en ocasiones no sepa qué diablos hacer con ella.

9 Comentarios:

Blogger Fernanda said...

Bueno, además de la emoción de hacer el amor en la mesa de centro con villancicos de fondo, me parece atractiva tu propuesta para la próxima semana.

Encontrémonos.

6:38 a. m.  
Blogger Lo de Verdad said...

ah mier... me parece que me meti en una conversacion privada. me parece chorisima esta historia... ese tipo de aventuras...ni se me pasarian por la mente... robar. bueno... lo he pensado... pero sola.

7:35 a. m.  
Blogger Oruga said...

ufff... de qué me perdí???
espero seguir leyendo y llegar al final del cuento

saludos

6:07 p. m.  
Blogger Bruburundu Gurusmundu said...

Distinguida sra.
Algún día quisiese verla besándome el culo.
Prof. B.B.

1:01 p. m.  
Blogger Bruburundu Gurusmundu said...

Le puedo asegurar con certificado en mano que no padezco aquella enfermedad que menciona, ni otras. Puede usar su lengua con toda confianza y discreción, Sra. bobalicona.
Su Profesor

6:47 p. m.  
Blogger Bruburundu Gurusmundu said...

Qué desatino, bobalicona, borrar mensajes calientes. Qué colijunta. Qué dama más dama. ¡Nuestro club se nutre de ellos! Por favor, repítamelos al oído.
Su Profesor

6:07 a. m.  
Blogger Fernanda said...

Bueno, sin ánimo de descontextualizar, quería decirte que me rebotan los correos en la casilla que muestras en este blog, así que no sé cómo podemos ponernos de acuerdo para "la" cita... si te comunicas con nuestro "amigo" en común, pídele mi correo.
En cuanto a mi último posteo, trato de explicarte el asunto allí mismo, pero haré los vínculos necesarios para que se explique por sí solo.

Besos por donde más te apetezca.

4:31 p. m.  
Blogger Alex said...

Blog deliciosamente inteligente en el que tuve la suerte de caer.
En este camino de Ariadne me quedaré por algún tiempo.

12:03 a. m.  
Blogger unsologato said...

Permítame que el ronronee estas letras y deposite un ósculo de color enteramente blanco en su mejilla sobreviviente...

6:38 p. m.  

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