Cita V
FAUSTO.-- ¿Qué es lo que me ofreces? Alimento que no sacia; oro candente que, como el mercurio, se escapa de las manos sin descanso; un juego en el que nunca se gana; una muchacha que, abrazada a mi pecho, ya guiña el ojo y se entiende con el más cercano; el espléndido y divino placer del honor que se desvanece como un meteoro. Muéstrame frutos que se pudran antes de nacer y árboles que verdeen de nuevo cada día.
MEFISTÓFELES.-- Esos tesores que dices, yo te los puedo ofrecer. Mas, amigo querido, también se acerca el tiempo en que podamos regaladamente comer en paz alguna cosa buena.
FAUSTO.-- Si me tiendo ocioso y descansado sobre un lecho, si con halagos puedes engañarme hasta el punto de estar satisfecho de mí mismo, si logras seducirme a fuerza de goces, muera yo inmediatamente. Te propongo la apuesta.
MEFISTÓFELES.-- ¡Aceptada!
FAUSTO.-- ¡Choquen nuestras manos! Si un día le digo a un instante fugaz: "¡Detente! ¡Eres tan hermoso!", puedes atarme entonces con cadenas y terminarse el tiempo para mí.
* J.W. Goethe, Fausto, Editorial Sudamericana, Bs. As., 1999, p. 75. Primera versión alemana publicada en 1772.




