Sicópata europeo (manifiesto)
Que los cobardes y estúpidos se larguen porque hoy pienso hablar de un goce supremo. Me he cansado de follarme a putas y putos hasta reventarlos. Les he abierto todos sus agujeros y les he creado algunos nuevos frente a sus hijos y madres. Los he penetrado hasta sentir sus vísceras y he sentido deseos de arrancárselas. Los he restregado con mis fluidos y los he alimentado con ellos. He mirado sus ojos suplicantes antes de escupirles su miseria a la cara. He abandonado sus cuerpos exhaustos como carroña para perros y delincuentes. He disfrutado humillándolos y observando como se transformaban en pura energía hacia mí: en amor, en odio, en evidente admiración. Me he puesto en el lugar de ellos y les he permitido a mis novias que me pateasen en el suelo su venganza, he lamido el culo de sus esposos y me he dejado abofetear por sus cabrones. Pero ya no. Ya no lo disfruto. Sueño con bacanales en las que poder saciarme, culminando en pasión colectiva lo que hasta ahora no han sido más que vicios privados, con mi ciudad transformada por un festín de órganos y placer sin límites. Pero esta ciudad está llena de imbéciles e hipócritas redomados, incapaces de mirar de frente sus deseos de pasión y crueldad. Hubo un tiempo en que gozaba viendo a mis mujeres comer en el suelo carne cruda. "Basta de sensiblería, convéncete de comes cadáveres", les decía. Era tan hermoso verlas llorar entonces, por fin conscientes de su naturaleza depredadora, que no podía evitar acariciarles la cabeza. Pero ya no. Ya no encuentro placer alguno en la educación sexual. Por lo demás, mis ex alumnas, en vez de salir fortalecidas de la experiencia y agradecerme las lecciones inculcadas a punta de sudor y semen, terminaban todas cagadas, yendo a llorarle sus miserias a un doctorcito cualquiera. Ya no. Sólo me dejo seducir por la posibilidad de una clase magistral, de la que hasta los más mediocres puedan sacar partido, para lo otro ya no tengo paciencia. Entiéndanme: a los placeres de la carne no voy a renunciar, simplemente quiero más de ellos, más y más y más. Quiero hacer con la carne una obra maestra. Hay algo patético en el arte convertido en una fábrica de salchichas. Los artistas hacen su pequeño trabajo que a nadie le importa llenos de arrogancia y vanidad. Perdedores del mercado en la mayoría de los casos, políticamente ineficaces, juegan a alterar un poco -y sólo un poco- las formas, para conseguir el beneplácito de un puñado de entendidos en la materia. ¡¡Y qué materia!! Pasaron del óleo a los alambres y las luces de neón. Mediocres. Y del peor tipo: mediocres que no saben que lo son. Atrapados en su trampa democrática. Jugando a volver al pueblo, pero hambrientos de reconocimiento y de subsidios. Ya podré dañarles un poco su acalorada autoestima. Con la obra que tengo en mente les daré una lección de verdadera nobleza. Tomen nota, imbéciles. En un mundo anestesiado por los medios de comunicación y la miseria, en el que se ha perdido todo sentido de la belleza, en el que la naturaleza es humillada por una cultura de masas embrutecidas, el único material capaz de conmover, de hacer una diferencia, de llamar la atención sobre lo que se ha perdido o lo que podría ser, el único material verdaderamente noble, es la carne humana. Ante tanta mezquindad, no puedo más que dar todo de mí. De ese modo dejaré la vara suficientemente alta como para que las generaciones que vienen vuelvan a mirar al cielo. No a dioses cada vez más debilitados y oportunistas. No. Al horizonte de sus propias posibilidades. Posibilidades olvidadas junto al instinto. Posibilidades coartadas por el temor. Posibilidad de ser dueños y señores de su destino y darse todos los malditos gustos que puedan imaginar. Pienso hacer una masacre, una perturbadora fiesta de la carne, sin otra motivación que la liberación del deseo. Mi obra será tejida con sangre humana y lágrimas de verdad. Será un regalo para quienes lo sepan aprovechar y, por supuesto, un gusto para mí. Me someteré a las consecuencias que llegarán inevitables. Seré esclavo por el resto de mis días, encerrado en una jaula como un perro. Pero llevaré adelante mis planes con amor: yo mismo pondré las bombas.* La fotografía corresponde a Juan Dávila, chileno, artista visual.



8 Comentarios:
Perturbador, querida, muy perturbador, hermoso y atroz pero muy pertubador. Me lo llevo para leerlo en la reunión de apoderados de mi hijo de segundo básico. Quiero verles las caras a la profe y a los papis cuando lea esto, en una de esas se inspiran y todo termina en una encantadora orgía.
Besitos demenciales a lo largo y a lo ancho de tu talento inmenso.
Chaoooo.
Otro besito impúdico.
Buenísimo el texto. Intenso. Nada más.
Un gato ronroneando a tus pies y lamiendo tus magníficas letras...
también un ósculo felino!!!
El delirio se autoelimina. Me recordó a las Torres Gemelas, a Atocha, a Egipto. ¿De eso se trata el nuevo arte? Es curioso que me provoque cierto rechazo en circustancias que yo he escrito parecido, más antes que ahora. Quiero llegar al fondo del texto, a lo que se llamaría el arte del texto, pero choco con una barrera que llamaría "políticamente correcta" y quedo con la sensación de haber leído a un espíritu tímido disfrazado de soberbia.
El detalle: "... convéncete de comes cadáveres..."
tia llo siempre qe le escribo usté nunca me a pezcado, en vez que tan bien qería desile qe cuando leo las cosas de este bloc me asusto por qe son cosas malas, ni tio dice qe es literatura de halto buelo y me reta por qe dise qe no son cosas para los ñinos. !A¡ si alguna ves be a ni tio no le aga caso ¡por qe es malipunador! Grasia.
estos textos me perturban... están tan llenos de pus
por lecturas descontextualizadas, me parece necesario aclarar aquí mi absoluto desprecio hacia la brutalidad.
Esa fotografía es total...
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