Recuerdo ominoso
Niños pequeños, de menos de un metro de estatura, pero tan diferentes a mí. Los miraba desde la ventana del auto, pegada la nariz al vidrio. Delgados y morenos, fumaban cigarrillos y aspiraban pegamento en bolsas de papel. Yo no podría vivir así. Sin zapatos moriría, parecía pensar mi madre. Por eso me abrigaba. Un pequeño giro en el destino, una trizadura en el hielo frágil sobre el que transcurría mi vida, y caería a ese otro mundo: mundo inverso y presente, día a día, desde entonces.



2 Comentarios:
Y así algunos terminamos coleccionando transparencias de nuestros cuerpos. Para vernos desnudos e iguales, para buscarnos inútilmente el alma.
Les dije que había visto agonizar en el invierno a un niño junto al río. Rieron y me aseguraron que eso era invento de los cineastas para ganar el Oscar. Regoldaron repetitivos. Y yo, antes de cumplir 7 años, muero de un frío de filuda piedra y el tiempo detiene mis ojos definitivamente. El animador de televisión da paso a comerciales...
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